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✽ 3/9/08

☆ 2 comentarios

El protocolo y la madre que lo parió

AVISO: Este post es más largo de lo habitual por lo que puede ser perjudicial para la salud. Administrar en pequeñas dosis. Consulta con tu ginecólogo antes de empezar a utilizarlo.


Esto de las bodas es cada vez más cansino. Va a llegar el momento en el que nos va a pasar con ellas como con las Comuniones, que en el mes de Abril, más de uno preguntamos a nuestra pareja: ¿cuántas tenemos este año?, anhelando una respuesta del orden de ...sólo 4.

El pasado sábado 31 -eso era lo que rezaba la tarjetita del menú de encima de las mesas a pesar de que nuestro calendario gregoriano decía que era día 30-, asistí a otro de estos eventos que no hacen más que ratificarme en la premisa del principio. Una prima de mi mujer se casaba por fin con su nórdico del alma. No se trataba de su edredón favorito, sino de un tipo muy simpático nacido en el mismo Oslo.

La celebración comenzó a las 18:30. Un recordatorio: Agosto... Unas 90 señoras y otros tantos caballeros vestidos de traje, camisa de manga larga y corbata, esperábamos chaqueta en mano y con espaldas sudorosas, la llegada -tardía como mandan los cánones- del coche de época de la novia.

Como somos netos importadores de costumbres, tres damas de honor vestidas con idéntico paño y corte, hacían de guardaespaldas a la novia para su entrada al templo. Ya no valen con que los primos o sobrinos más pequeños hagan de pajes, sino que unas lindas señoritas tienen que hacer ahora la misión de llevar los anillos. Eso queda como que más in.

Tras las diversas interpretaciones del consabido coro, las lecturas religiosas en dos idiomas, promesas, votos, fotos, arroz, pétalos de rosas, ruptura de las copas de cava, globitos y papel higiénico en el coche, a las ocho nos despedíamos temporalmente, para volvernos a encontrar una hora después en el lugar y hora previstos para el banquete.

Ya eran las diez de la noche cuando los invitados, portando unas velas encendidas y con el fondo musical de Ethernal Flame, hicimos un pasillo para recibir a los novios. Por cierto, que no sé por qué a estas alturas y durante el resto de la jornada, todavía se les sigue llamando así cuando ya son formalmente un matrimonio.

Un nuevo juego de copas que se va al garete contra el suelo, el corte de la cinta de la entrada al local y cada uno a su sitio. Tenía la esperanza de que nos mezclaran con los noruegos para ver si nos echábamos unas risas a costa del embrollo idiomático, pero la lista de distribución de mesas dejaba claro que querían evitar cualquier tipo de conflicto internacional. Menos mal que mi primo Salva, cayó al lado mío en la mesa y la conversación resultó bastante amena. Blogs, Wikipedia, trabajo y disertaciones varias sobre los relojes de pulsera, fueron los temas principales.

Ya sentados, el novio nos recibió oficialmente con unas frasecitas de agradecimiento, un ruego para el apagado total de móviles debido a una rara enfermedad de una de las invitadas y un final “¡a comer!”. Siguieron unas cuantas controversias con los camareros, principalmente por no permitirnos mantener las botellas de agua en la mesa durante la cena por “razones estéticas”, un par de servilletadas al aire, muchos “¡vivan los novios!”, “¡viva la abuela del novio!”, “¡viva el primo del padre de la suegra del novio!”... algunos tintineos con las copas por parte de los forasteros, que deben ser algo así como nuestros “¡que se beeeesen! ¡que se beeeesen...!”, porque al final se besaban... y casi sin darnos cuenta -es una ironía-, ya eran las dos menos cuarto de la madrugada.

Por fin nos servían el café y la menta-poleo, al tiempo que los novios iban mesa por mesa preguntado nuestra opinión sobre el evento. A propósito, ¿de verdad alguien cree que las respuestas de los invitados son totalmente sinceras?

Parecía que ya pasábamos a la fase cubatas, pero claro, uno que ya tiene cierta experiencia, suponía sin mucho riesgo a equivocarse, que esto no acababa aquí. Y así fue: de entre los más allegados, un pequeño grupo comenzó a repartir los típicos regalitos. Al terminar, micrófono en ristre el novio volvió a intervenir en bilingüe, agradeciendo de nuevo nuestra asistencia y proclamando públicamente que aquella era la mujer de su vida. Lo chungo es que tuvo que emocionarse dos veces, una en cada idioma.

Ya nos levantamos y “¡Oh sorpresa!”, una pantalla gigante con proyector multimedia nos esperaba para mostrarnos un delicioso vídeo de momentos históricos del novio. Al tiempo, ella -la novia- interpretaba la letra de la melodía que sonaba de fondo. Por cierto, todo hay que decirlo, con una voz envidiable que nos sorprendió muchísimo.

Todavía faltaba otro vídeo-clip preparado por los amigos en plan “que-cachondos-somos” y “mira-que-bien-lo-pasamos-juntos”. Realmente sólo faltaron algunos pequeños detalles, los mariachis -o la tuna- y los puros, pero con esto de la Ley Anti-Tabaco, es que la cosa se nos está poniendo muy malita a los fumadores.

En fin, que casi eran las tres de la madrugada cuando empezó la barra libre y el baile con un grupo local que tocaba temas en inglés que poco invitaba al típico cachondeo verbenero. Hasta ese momento, llevábamos nueve horas de boda y ¡casi 6 horas de banquete!

Puede ser que me esté haciendo muy mayor, pero también pudiera ser que estos protocolos tan largos, sean sólo una estrategia para fundir a la mayoría del personal y conseguir que nos tomemos menos copas para ahorrar un poquito de pasta.

La cosa prometía por aquello de practicar nuestro oxidado inglés y la posibilidad de ver las diferentes costumbres, que respecto de las autóctonas, tenían los invitados extranjeros, pero todo quedó en la misma bonita parafernalia de siempre. Eso sí, incrementada por algunas nuevas originalidades. Y es que en una boda, nadie está dispuesto a restar y todos quieren hacer TODO lo que mandan las costumbres, TODO lo que vieron nuevo en la última boda a la que asistieron Y, a ser posible, ALGO MAS que nadie o muy pocos hicieron antes.

2 comentarios:

tashano dijo...

PLAS!PLAS!PLAS!PLAS!( APLAUSOS ), porque es lo unico ocherente que se me ocurre ante tu gran descripcion de la boda.
Ya sean de fsmilia o no, son una paliza tremenda que acaba con el culo del invitado y los pies de su acompañante, por eso del protocolo.
Muy bueno el Post .Felicidades y espero que no te toque otra hasta dentro de un tiempo.
Tashano

Anónimo dijo...

Veamos,que yo venía desde "los electrones" y apreté "nosedónde" y aparecí aquí (palabrita)..Puesss que me he quedado como sin palabras; me lo he "chapao tó" y..prometo ante quien correspónda, que he tomado nota de todo lo que se hace en las bodas..para no copiar, claro...X-D (glups!)

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